Contando Historias

Cuentan con una historia familiar cimentada a base de aprendizaje, perseverancia y humildad. Ellos mismos nos relatan los tiempos difíciles a los que se han tenido que enfrentar, y se enfrentan, para poder llevar a la mesa de los consumidores españoles un producto de calidad excepcional del que se sientan orgullosos, tanto los actuales propietarios, como Eduardo y Amada, sus padres y transmisores de la pasión por el ajo.

Eduardo padre, se emociona al relatar como desde la edad temprana de 6 años sacaba ajos de la tierra, de secano en aquellos tiempos, con sus padres y cómo acompañaba en carro a su padre a la feria a vender ajos. En aquella época los ajos se vendían en ristras, tejidos en forma de trenza, un trabajo artesanal que hoy en día solo unos pocos saben hacer.

«Nací entre ajos, mi madre tejía ristras y trabajaba el campo, tuvo que parar de trabajar para dar a luz.»
– Eduardo Martín.

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«Nací entre ajos, mi madre tejía ristras y trabajaba el campo, tuvo que parar de trabajar para dar a luz.»
– Eduardo Martín.

Eduardo habla con nostalgia de aquellos tiempos en los que su padre le mandaba a comercializar con el ajo en carro a las ferias a provincias como Santander y Zamora, sin olvidar su amada Valladolid.

Lola, hija de Eduardo y Amada, nos cuenta que antiguamente los ajos se enviaban a los clientes facturándolos en las estaciones de trenes de Medina del Campo, Valdesillas, Viorina de Cega y Valladolid, según destino. Las ristras se envasaban en series y las manadas (la otra manera de venderlos) en sacos.

«Somos una familia de agricultores, pero también de comerciantes, hemos tenido que aprender a mejorar el producto y su conservación para su comercialización.»
– Lola Martín.

Hasta el año 1962, su padre no compró el primer coche para ir a recoger los envases que anteriormente había enviado a los diferentes clientes, hasta que en 1966 compra una furgoneta y se marca el primer hito de esta familia en la comercialización de ajos. Se comienzan a envasar los ajos en mallas de dos ristras de cabeza, llegando hasta los 5kg. En 1992 sucede otro cambio importante, se comercializa en butis de 3 cabezas ya envasadas pensando en el cliente.

La manera de trabajar el ajo ha cambiado mucho en las últimas décadas. Antes se sembraba en terrenos de secano, porque se consideraba que era el entorno ideal de este bulbo, pero hoy por hoy se trabaja en terrenos de regadío ya que así se alcanzan mayores producciones.

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Hasta el año 1962, su padre no compró el primer coche para ir a recoger los envases que anteriormente había enviado a los diferentes clientes, hasta que en 1966 compra una furgoneta y se marca el primer hito de esta familia en la comercialización de ajos. Se comienzan a envasar los ajos en mallas de dos ristras de cabeza, llegando hasta los 5kg. En 1992 sucede otro cambio importante, se comercializa en butis de 3 cabezas ya envasadas pensando en el cliente.

La manera de trabajar el ajo ha cambiado mucho en las últimas décadas. Antes se sembraba en terrenos de secano, porque se consideraba que era el entorno ideal de este bulbo, pero hoy por hoy se trabaja en terrenos de regadío ya que así se alcanzan mayores producciones.

Eduardo hijo es el director actual de la empresa, y conoce muy bien los cuidados que requieren los ajos. Lleva 45 años dedicado en cuerpo y alma a la empresa familiar. Este producto cuando está en el campo es sumamente delicado y cuando está en el proceso de limpieza, para su posterior secado, también. Requieren de las manos expertas de sus trabajadoras (más de 30 años las avalan) para que el producto final cumpla con las exigencias de calidad que marca la empresa.

Eduardo padre y Amada, ya jubilados, han pasado la empresa a sus hijos, y están muy orgullosos de cómo lo están llevando. Amada echa la vista atrás y la nostalgia se instala en su mente.

«Mi época favorita cuando era joven es cuando se sacaba el ajo, porque hacía buen tiempo y veías al personal , y no en invierno que estaba todo el mundo en su casa.»
– Amada.

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La tradición, el buen saber hacer, el aprendizaje y los más de 30 años de sus trabajadoras son los ingredientes secretos de esta empresa familiar para garantizar la calidad de su producto.

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Ajos Martín sigue y seguirá trabajando el ajo con la misma pasión con la que se comenzó hace 100 años.

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